Kofi Annan

Hay críticos recalcitrantes que han despreciado a Kofi Annan porque creen que tiene las manos manchadas de sangre ruandesa. Su desdén no ha disminuido con los años. Se opusieron a su segundo mandato como secretario general, a la concesión del Premio Nobel de la Paz, y han venido exigiendo continuamente su dimisión.

Un grupo de supervivientes ruandeses escribió a Annan en 1998 que él tenía una grave responsabilidad por las horribles masacres

El genocidio de Ruanda no fue una simple lucha entre el bien y el mal. Su génesis y su historia son confusas y complejas, igual que el modo de actuar de Naciones Unidas

Partidarios de la guerra no querían que se llevara el tema a la ONU. Cuando se vieron obligados a hacerlo, trataron a Naciones Unidas sólo como una fuente posible de validación

El discurso dejó claro que la Administración de Bush estaba preparada para la guerra, aunque Annan siguió encontrando dos esperanzadoras señales de paz

Nat Hentoff, columnista que suele abogar por los derechos humanos, dijo en 2001 que era un “hecho claro” que “Mr. Annan, cuando estuvo al frente del departamento de misiones de pacificación de Naciones Unidas, podría haber evitado la matanza de ochocientos mil hutus y sus simpatizantes en Ruanda en 1994″. Un grupo de supervivientes ruandeses escribió a Annan en 1998 que él tenía una grave responsabilidad por las horribles masacres. Una demanda promovida en 2001 por dos investigadores daneses denunció a Annan por “haber fallado gravemente a las víctimas”.

La crítica más contundente y sutil se debe a Philip Gourevitch, actualmente editor de The Paris Review, autor de varios artículos en el prestigioso The New Yorker centrados en Annan como malo de la película. Gourervitch echa en cara a Annan no haber dado la voz de alarma al recibir un telegrama del comandante militar de Naciones Unidas en la zona advirtiendo del inminente genocidio de los tutsis en Ruanda. Gourevitch desprecia el argumento de que habría dado igual desde el momento en que el Consejo de Seguridad, dirigido por Estados Unidos, no habría hecho nada. En un artículo de The New Yorker en 2003, Gourevitch escribió: “Aun cuando la decisión de Annan de guardarse para sí la advertencia de su comandante militar no causara un daño considerable -lo cual es mucho conceder-, es incuestionable que no equivocarse es muy distinto de acertar… ¿Y qué decir de la convicción de Annan de que no habría servido de nada dar la voz de alarma meses antes? ¿Cómo lo sabe si ni siquiera lo intentó?

No hay duda de que Kofi Annan se siente culpable con respecto a Ruanda. Como Juan Antonio Yáñez Barnuevo, embajador español ante Naciones Unidas, dijo recientemente: “La experiencia de Ruanda le afectó profundamente. Aquel telegrama debería haber alertado al Consejo de Seguridad, aunque no estoy seguro de que hubiera actuado. Cuando ahora se refiere al genocidio, se emociona mucho. Siente en lo más hondo la experiencia de Ruanda, y la siente con culpabilidad”. Yáñez Barnuevo expresó así su comprensión, no desprecio.

El propio Annan ha aceptado la conclusión de una comisión independiente en el sentido de que su departamento de misiones de pacificación, Naciones Unidas como tal y los Gobiernos de los Estados miembros del Consejo de Seguridad fallaron durante la crisis. Está continuamente dándole vueltas a ese fracaso. Lo dijo en una entrevista en el programa Frontline de la cadena PBS en 2004: “Fue una experiencia muy dolorosa y traumática para mí y creo que, en cierto sentido, para Naciones Unidas. No es algo que pueda olvidarse. Es una experiencia que, una vez vivida, forma parte de ti, de tu propia experiencia como ser humano”.

No obstante, culpas y críticas deben observarse con perspectiva. El genocidio de Ruanda no fue una simple lucha entre el bien y el mal. Su génesis y su historia son confusas y complejas, igual que el modo de actuar de Naciones Unidas que tan ineficaz se reveló en crisis de tales dimensiones. Las culpas se reparten. No se salvan ni los soldados tutsis que lucharon para salvar a los tutsis. Tal vez recaiga algo de culpa en Kofi Annan, pero hay otros más culpables que él, como el Gobierno americano, entre otros. (…)

La inminente invasión de Irak consumió todas las energías de Kofi Annan en cuestión de semanas. La guerra de Irak había marcado sus diez años como secretario general. Fue el propio secretario general quien trató, a su discreta manera, de contener al gigante americano. Ciertos críticos sostienen que sin muchos bríos. Pero un secretario general tiene un poder limitado. Más que nada, autoridad moral. En cualquier caso, Kofi enojó a los halcones que rodeaban al presidente Bush lo suficiente como para desmerecer a sus ojos. Algunos sintieron la necesidad de bajarle los humos.

Annan no se lanzó a una oratoria desaforada para disuadir a la Casa Blanca de invadir Irak. Al contrario, se centró en atraer a los americanos a los procedimientos de Naciones Unidas. Insistió sin descanso en que cualquier decisión de guerra debería tomarse por el Consejo de Seguridad en su conjunto, preferiblemente por unanimidad. Como Francia y Rusia se oponían a la invasión, la unanimidad sólo habría alcanzado para una resolución que no llegaría a autorizar una guerra. Annan quería que los americanos siguieran hablando y que los inspectores prosiguieran con su trabajo hasta que los americanos vieran la situación con algo más de perspectiva. Pero eso no ocurrió nunca.

Nunca existieron muchas posibilidades de impedir la invasión de Irak. Dirigentes partidarios de la guerra como Dick Cheney no querían que se llevara el tema a Naciones Unidas. Cuando se vieron obligados a hacerlo, trataron a Naciones Unidas sólo como una fuente posible de validación. A sus ojos, Naciones Unidas sólo valía para una cosa, dar su conformidad a la guerra. Los partidarios de la paz, entre ellos el secretario general, confiaban en que Naciones Unidas desplegara suficiente actividad diplomática para retrasar, obstaculizar y finalmente impedir la guerra. No era más que una esperanza, aunque fuera una empresa desesperada.

Ahora sabemos que el presidente Bush estaba decidido a ir a la guerra muchos meses antes de plantear el tema en Naciones Unidas. No está claro por qué. Le dijo al dirigente palestino Mohammad Abbas que Dios le había dicho que lo hiciera. A otros les había mencionado la necesidad de vengar el intento de asesinar a su padre durante un viaje a Oriente Próximo en 1993. Tal vez quisiera culminar lo que había dejado su padre por hacer en la guerra del golfo Pérsico. O puede que tuviera sinceramente la sensación de que Sadam Husein e Irak eran una amenaza para Estados Unidos. (…).

Kofi Annan escuchó todas las voces belicosas de Washington con alarma y cierta esperanza. Cuando el presidente Bush compareció en la Asamblea General de Naciones Unidas un año y un día después de la destrucción del World Trade Center, el secretario general tuvo la sensación de que las probabilidades de una guerra habían aumentado. “Creí que estábamos más cerca”, recuerda, “pero tenía la esperanza de que pudiéramos alejarla, de que haríamos lo que pudiéramos por alejarla”.

Siguiendo con el protocolo habitual, el secretario general habló en la primera sesión de la Asamblea General poco antes de que lo hiciera el presidente de Estados Unidos. Pero, a diferencia de la práctica habitual, el discurso de Annan había sido remitido a la prensa la víspera y había sido publicado en los periódicos de la mañana antes de que él hablara. El redactor Edgard Mortimer había sugerido anticiparse para evitar que pasara inadvertido para los periodistas, más dispuestos a centrarse en las palabras de Bush. “Lo comentamos”, dice Annan, “… y llegué a la conclusión de que el mensaje era importante y debía difundirse… Porque lo que suele pasar es que, como el presidente habla el mismo día…, la prensa se centra en su mensaje y a veces el del secretario general pasa inadvertido”. Sin embargo, en la Casa Blanca consideraron que la difusión anticipada era un intento de quedar por encima del presidente, la primera de, según ellos, una serie de actuaciones irritantes del secretario general.

Una parte del mensaje de Kofi Annan fue bien acogida en la Casa Blanca. En relación con el regreso de los inspectores dijo a la Asamblea General: “Insto a Irak a cumplir con sus obligaciones, por su propio pueblo y por el orden mundial. Si el desafío de Irak continúa, el Consejo de Seguridad debe asumir sus responsabilidades”.

Pero también alertaba contra el hecho de que un solo Estado se erigiera en gendarme. “Comparezco hoy ante ustedes”, dijo, “como partidario del multilateralismo por la historia, por principio, por la Carta fundacional y porque es mi obligación… Porque elegir o rechazar el multilateralismo no es una cuestión de conveniencia política para un Estado, sea grande o pequeño. Tiene consecuencias que van más allá de lo puramente inmediato”.

A continuación abundó en su tema favorito. “Si un Estado es atacado”, dijo, “tiene derecho a la autodefensa… Pero aparte de eso, cuando un Estado decide emplear la fuerza para abordar amenazas más amplias contra la paz y la seguridad internacionales, no hay sucedáneos para la legitimidad única, que reside en Naciones Unidas”. El presidente Bush dejó claro poco después que aceptaba esa teoría de la “legitimidad única” de Naciones Unidas sólo en el caso de que sirviera a la voluntad de Estados Unidos. (…)

Señales de paz

El discurso dejó claro que la Administración de Bush estaba preparada para la guerra, aunque Annan siguió encontrando dos esperanzadoras señales de paz. La primera fue la intención americana de trabajar con el Consejo de Seguridad para aprobar nuevas resoluciones. La segunda fue que Bush, a diferencia de Cheney, no hubiera rechazado nuevas inspecciones como forma de desarmar a Sadam.

La mayoría de diplomáticos y analistas se centraron en las palabras del presidente, pero los halcones americanos no pasaron por alto el discurso del secretario general. Les pareció muy problemático lo que había dicho de la legitimidad de Naciones Unidas. El dibujante conservador de Los Angeles Times Michael Ramírez hizo una serie de caricaturas no precisamente sutiles en las que Bush era Winston Churchill, y Annan, Neville Chamberlain.

Para colmo, a ojos de los halcones, en los días que siguieron, Annan convenció al ministro iraquí de Asuntos Exteriores, Naji Sabri, para que cambiara la política de Irak y aceptara el regreso de los inspectores. Sabri había asistido a la sesión inaugural y había oído el discurso de Bush. Annan no había logrado convencer a Sabri cuando se vieron en Viena dos meses antes, pero esta vez tuvo éxito. Sabri había captado los aires de guerra en Nueva York.

Pero Sabri, recuerda Annan, “estaba en una situación difícil porque dependía de Bagdad”. Después de hablar con su país, se presentó con “una de esas cartas que contienen tantas cauciones y están redactadas en tales términos que admiten diversas interpretaciones”. Annan fue claro. Le dijo a Sabri: “Necesitamos una carta clara que invite a volver a los inspectores para que cumplan con su cometido sin cortapisas ni condiciones de ningún tipo”.

La carta final, dirigida a Kofi Annan y firmada por Sabri, parecía clara. “Tengo el placer de informarle de la decisión del Gobierno de Irak de autorizar el regreso de los inspectores de armas de Naciones Unidas sin condiciones”.

Irak, seguía la carta, quería “disipar cualquier duda de que posee armas de destrucción masiva… y estaba dispuesto a discutir las cuestiones prácticas necesarias para la reanudación inmediata de las inspecciones”. Lo único que pedía, seguía la carta, era que los miembros de Naciones Unidas respetaran “la soberanía, la integridad territorial y la independencia política de Irak”.

El 16 de septiembre, cuatro días después de los discursos, un contento y sonriente secretario general compareció ante las cámaras y micrófonos de los medios de comunicación. “En este edificio han sucedido muchas cosas desde el jueves”, dijo a los periodistas. Primero se refirió a Bush. “Creo que el discurso del presidente ha galvanizado a la comunidad internacional”, dijo.

A continuación anunció que los iraquíes habían aceptado el regreso de los inspectores “sin condiciones”. Agradeció a la Liga Árabe su colaboración para convencer a Irak de que aceptara y dijo que pasaría la carta al Consejo de Seguridad.

Pese al elogio del presidente Bush, la Casa Blanca se puso furiosa con Annan. La puerta más sencilla para entrar en la guerra habría sido la negativa de Sadam Husein a admitir a los inspectores. Y ahora el secretario general la había cerrado. Había convencido a los iraquíes de que cedieran y les había ayudado a escribir la carta. Un funcionario de la Administración dijo en tono despectivo a The New York Times: “Está claro que el secretario general quería ocupar el plano antes que nadie”. El embajador americano John D. Negroponte transmitió a Annan el malestar de la Casa Blanca.

La Casa Blanca insistió en que la carta no era tan incondicional como Annan decía. Su portavoz Scout McClellan dijo a los periodistas: “Éste es un paso táctico de Irak con la esperanza puesta en evitar una acción contundente del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Y es una táctica que va a fracasar”.

Condoleezza Rice, consejera de seguridad nacional y futura secretaria de Estado, telefoneó al secretario general. Le censuró el jaleo que había armado por la carta. No le parecía tan importante. Dejó entrever que era la típica bravata iraquí que acabaría en una negativa a cooperar. Annan respondió que todo el mundo había estado presionando para que los iraquíes autorizaran el regreso de los inspectores para hacer su trabajo y que era importante que volvieran, toda vez que los iraquíes habían prometido cooperar.

Algunos funcionarios de la Administración de George Bush creían que se había excedido en sus obligaciones de secretario general al ayudar a los iraquíes a escribir la carta. “Ha traspasado los límites”, dijo un diplomático americano. Pero Annan insiste en que actuó de conformidad con la Carta de Naciones Unidas. “Creo que es mi deber como secretario general”, dice, “contribuir al cumplimiento de las resoluciones de Naciones Unidas siempre que pueda”.

Stanley Meister

Periodista especializado en cuestiones internacionales, su libro sobre Naciones Unidas es el mejor relato escrito hasta la fecha sobre esta institución y su historia. Ahora aborda la figura del secretario general, a un mes de que sea relevado.

Kofi Annan

Editorial. El Tercer Nombre

Un libro en el que se repasan las luces y las sombras de la labor de este ghanés al frente de Naciones Unidas desde el 1 de enero de 1997. En estas páginas se dan los extractos de los capítulos referidos a Ruanda e Irak. La obra saldrá a mediados de este mes.

 

Cascos azules y francia

TRIBUNA LIBRE. Cascos azules en Ruanda

VICENS FISAS

En vísperas de la intervención militar francesa en Ruanda, y casi dos meses después de que el secretario general de la ONU solicitara sin fortuna cascos azules para frenar la tremenda matanza, la polémica sobre esta decisión francesa y la reflexión sobre el distanciamiento que han tomado casi todo los estados respecto al reforzamiento de la Minuar, pone de nuevo sobre la mesa el problema del origen de los cascos azules que operan en un terreno conflictivo, una cuestión que ha causado graves problemas a los norteamericanos en Somalia, a los rusos en Bosnia y a los belgas en Ruanda, para señalar sólo los ejemplos más evidentes.

En el futuro, y en ausencia de unas fuerzas propias de Naciones Unidas que, precisamente por ser la ONU, sus miembros no tuvieran que identificarse como nacionales de tal o cual país, todas las operaciones de la ONU habrían de tener muy en cuenta este aspecto.

La lógica y nada fácil búsqueda de la universalidad y de la máxima participación de países en estas misiones, nunca debería estar reñida con la prudencia necesaria para no despertar temores fundados y recelos comprensibles, cuando algunas potencias se plantean enviar tropas a escenarios conflictivos, y muy especialmente a sus antiguas colonias.

Los cascos azules belgas tuvieron que retirarse completamente de Ruanda a las dos semanas de iniciarse la masacre, ante la hostilidad de una parte del pueblo ruandés, que los hacían responsables de haber participado en el atentado que costó la vida al presidente de Ruanda. Los civiles de origen belga también tuvieron problemas para desplazarse por el país, incluidos los de organizaciones humanitarias. Es evidente, en cualquier caso, que en una operación de este tipo no puede participar la antigua metrópoli, al menos de forma directa y a través de personal militar.

Pero los recelos han alcanzado también a Francia, potencia que siempre ha deseado relevar a Bélgica en la zona, y que a pesar de no haber tenido hasta la fecha cascos azules en Ruanda, ha decidido avanzarse a un tardío y vergonzante despliegue internacional, que se materializará tres o cuatro meses después de iniciarse la matanza, y quizá cuando ya no quede nadie vivo en Ruanda.

¿Motivos de este recelo? Francia se ha entendido muy bien con los militares ruandeses, corresponsables de la eliminación de decenas de miles de tutsis desde el pasado 6 de abril. Es lógico pensar cómo serán recibidos por esta gente cuando lleguen a Ruanda, y más teniendo en cuenta que una gran parte del territorio está en manos del FPR. Desde octubre de 1990, los franceses han mantenido un importante destacamento de militares en este pequeño país, prestando asistencia e instrucción al ejército y a la gendarmería. También les ha vendido armas y municiones, aunque en los últimos dos años Sudáfrica y Egipto también lo han hecho en cantidades notables.

Aunque es poco probable que, como ha asegurado el primer ministro francés, la operación se limite exclusivamente a las zonas fronterizas y no llegue al corazón del país, los problemas con que se encontrarán los militares franceses serán numerosos en muchos campos de refugiados, tanto de tutsis como de hutus, puesto que tendrán la obligación de detener a responsables de las matanzas y de apropiarse del abundante armamento existente en algunos de ellos. Somalia está demasiado cerca, en espacio y en el tiempo, para olvidar los errores cometidos primero por la Unitaf norteamericana y después por Unosom.

En Ruanda, la guerra no empezó el pasado mes de abril, sino mucho antes, y particularmente desde octubre de 1990, en que el FPR atacó el norte del país desde sus bases en Uganda, provocando miles de muertos y centenares de miles de desplazados y refugiados hutus, y destrozando una convivencia interétnica que, aunque fuese con dificultades, la mayor parte del país deseaba.

Los países que han estado apoyando a un ejército criminal y a políticos corruptos, que han pasado por alto las violaciones fronterizas de Uganda, que han desoído desde hace tres años las denuncias de los asesinatos colectivos perpetrados por el FPR en el norte de Ruanda, que no han entendido cómo se preparaba una nueva edición de limpieza étnica, en este caso de hutus y de tutsis, desde radio Muhabura y radio RTLM, es mejor que no envíen cascos azules. Más les valdría que elaboraran la lista de dictadores que continúan apoyando y de países a los que continúan exportando armamento.

Si rectifican a tiempo, en el futuro se ahorrarán tener que enviar cascos azules a situaciones conflictivas alimentadas por ellos mismos.

VICENS FISAS es investigador sobre desarme del Centro Unesco de Cataluña y autor de «El desafío de Naciones Unidas ante un mundo en crisis»

 

http://www.elmundo.es/papel/hemeroteca/1994/06/24/opinion/17419.html

 

Clement

La historia de Clement

Clement Usabase cuenta su historia desde que salió de Ruanda hasta que consiguió los “papeles”06 de noviembre de 2007

 

 

 

Tengo 34 años y nací en Rwamagana, un poblado de 20.000 personas a 50 km de Kigali, la capital de Ruanda. Allí, mi mundo era muy pequeño: se reducía a una pelota. Las mañanas las pasaba jugando al fútbol con el equipo de mi barrio. En el poblado jugaba en la delantera, soñando con meter goles como George Weah, un famoso jugador liberiano, que había sido elegido el mejor futbolista de África. Yo era del Mónaco, el equipo de Weah, y soñaba con que me fichara el Real Madrid En mi familia vivíamos muy unidos, a pesar de las luchas tribales que sacudían mi país, una antigua colonia belga. Es un país hermoso, con una belleza que a veces se vuelve dramática. Desde 1990 a 1994 tuvo lugar el genocidio de Ruanda, con la guerra entre hutus y tutsis. Mi padre, Evariste, era hutu. Mi madre, Marie Claire, era tutsi. 

Recuerdo un día soleado de 1991. Tenía 17 años y estaba internado en un colegio de 300 alumnos que dirigían unos sacerdotes. A media mañana un profesor entró en clase y me llamó: “Tu padre ha fallecido”, me dijo en voz baja. 

La noticia me impactó. Fue un golpe duro. En casa quedábamos cuatro hermanos huérfanos, porque mi madre había fallecido cinco años antes de bronquitis aguda. Mi tía Rose se hizo cargo de nosotros.

El último de la fila

 

 

 

Kigali, capital de Ruanda


Yo -como el nombre del grupo de música- soy El último de la fila, aunque el segundo en edad. Me llamo Clement, y pienso que mi nombre de bautismo me ha enseñado a pedir clemencia, paciencia. Clemencia para los demás y exigencia para mí. Yo rezaba por tía Rose, por la paz, por mis familiares y amigos. También por los desconocidos, especialmente en los tiempos del genocidio…  En 1998, tras la guerra civil, el país quedó en crisis, con una gran inestabilidad económica y social. Entonces tuve oportunidades para salir del país. Deseaba seguir estudiando y las cosas no eran fáciles en Ruanda, porque la universidad no funcionaba bien. Decidí marchar a Marruecos, donde trabajaba mi hermano mayor, y estudié Económicas en Rabat. Menos mal que en la Universidad se hablaba francés, porque no tenía ni idea de árabe. Bueno, tampoco sabía nada de español cuando llegué a Melilla en 2004, con una beca para realizar un master en dirección de empresas.

 

 

 

“En el poblado jugaba en la delantera, soñando con meter goles como George Weah”

Cuando se acabó la  beca en Melilla me quedé sin trabajo y sin papeles. Seguí pidiendo la clemencia y la misericordia de Dios. Iba con frecuencia a Misa, y un día, a la salida, un amigo me dijo: -Yo voy por una residencia del Opus Dei: ¿te quieres venir? 

Acepté, fui por la residencia, y comencé a charlar con don Manuel, un sacerdote. Cada cierto tiempo venía Alfonso desde Málaga. Es publicista y miembro del Opus Dei, y gracias a él fui conociendo el espíritu de la Obra. 

Sin papeles

Mientras tanto trabajaba como voluntario en una residencia de mayores, y seguía intentando obtener mis papeles. Pasaron los meses, llegó la Navidad, y en una guardería de Melilla necesitaban un rey Baltasar. Buscaban un rey mago auténtico y acepté. Fue muy divertido. Al año siguiente volví a hacer de Baltasar en una residencia de mayores. 

Los papeles seguían siendo mi principal preocupación. Gracias a Dios, notaba que había mucha gente rezando por mí. 

Al año siguiente subí de categoría: hice de Rey mago en la Cabalgata de Melilla… Y seguía rezando para encontrar una oportunidad en el mundo laboral.

Pedí un permiso legal a las autoridades para estar unos días en Málaga y poder hacer mi primer curso de retiro en Los Jarales, en Antequera. Aunque seguía sin papeles, me concedieron un salvoconducto para entrar en la Península. 

 

 

 

Durante aquellos días de retiro recé mucho, me sentí reconfortado en la fe y decidí ser cooperador del Opus Dei. Seguía pidiéndole a Dios por mis papeles y por encontrar una buena novia. Los papeles se los pido a san Josemaría, que es el Santo del trabajo. La novia se la pido a la Virgen y a mi madre, y confío que me ayudarán desde el Cielo.El 10 de julio recibí, por fin, mi tarjeta de residencia española con permiso de trabajo. Desde entonces estoy trabajando en Melilla como responsable de un almacén. Ahora, por fin he recibido mi primera paga. Es fruto de la la clemencia de Dios y de la intercesión de san Josemaría. Ahora sigo rezando por encontrar la mujer de mi vida.

 

 

 

http://www.opusdei.es/art.php?p=25055

 

(Artículo de la revista internacional de teología

Communio, nº 5 del año 1995, pags 477-488

Ed. Ediciones Encuentro, S.A.)

Consecuencias

El Flujo de Odio

La herencia de las misiones sobrevive – no simplemente en las enormes y hermosas iglesias que salpican las laderas, no solamente en el hecho de que el último arzobispo, Msgr. Vincent Nsengiyumva sirvió durante 15 años al comité central del partido dirigente, sino también en la forma en que la ideología Hamitica sostuvo el extremismo racista del régimen. Estos extremistas Hutu tomaron la hipotesis de ” la invasión etíope ” la dieron vuelta en la cara de los Tutsi, y les pidieron que volvieran “a casa. Un prominente ideólogo Hutu, León Mugesera (recientemente detenido en Canadá y probablemente acusado por  crímenes contra la humanidad), repetidamente incitada a los campesinos Hutu a enviar a los  Tutsi ” devuelta a Etiopía. Mostrando un desprecio por la geografía igual a su indiferencia por la historia, Mugesera impuso a sus seguidores que lanzaran a los Tutsi en el río Nyabarongo. La orden no fue tomada metafóricamente. En abril y Mayo pasado, quizás 40,000 cadáveres hicieron el viaje acústico al lago Victoria. En último 1992, Hassan Ngeze, el principal periodista de los extremistas (actualmente en Nairobi, Kenia), publicó el manifiesto extremista, ” los Diez Mandamientos Hutu. ” El Mandamiento numero dos dice que las mujeres Hutu son más hermosas y son mejores esposas y secretarias; él numero ocho ordena a los Hutu ” dejar de tener compasión de los Tutsi.”

La iglesia y el establecimiento político Belga niegan que la herencia de sus ideologías y política estén  trabajando en el contenido y el idioma de extremismo Hutu. Al contrario, muchos de sacerdotes belgas, académicos, y políticos permanecen estrechamente casados a la política Hutu y siguen apoyando la causa política de los extremistas Hutu con un fervor extraordinario. El europeo Internationale Democrate Chretien (IDC, relacionado con el Partido Democrático Cristiano), repetidamente aprobaba el programa del gobierno de Juvenal Habyarimana, declarando tan recientemente como 1992 que ” no hay ninguna alternativa al MRND [su partido].”

En octubre de 1994

El Senador belga el Doctor Jab Van Erps viajó a la oficina central de los extremistas en Zaire para coordinar reuniones con los hombres principalmente responsables del genocidio. Un académico en la Universidad Católica de Leuven, oponiéndose a un relato de que el genocidio ha sido planeado, repitió las propias palabras de los asesinos de masas cuando él describió la matanza como ” un genocidio de la gente ” montado en respuesta espontánea a la supuesta provocación del Frente Patriótico Rwandes. Sus palabras han sido repetidas fielmente en un sermón del obispo Arcil Nsengiyumva en el que el genocidio fue justificado tangencialmente como el medio de asegurar el gobierno mayoritario democrático. Igualmente firmes en su compromiso, con el extremismo Hutu -  igualándolo con el gobierno mayoritario y así “la democracia” en un sentido ordinario – están algunas de las misiones Protestantes, en particular aquellas activas en Burundi. Después del genocidio, algunos misioneros extranjeros repitieron la propaganda extremista, echando la culpa de la matanza entera a “la provocación” por los Tutsis. En una rueda de prensa sostenida después de ser evacuados a Europa, un grupo de Bautistas daneses que habían trabajado entre refugiados de Burundi estaban entre los que rechazaron culpar a los extremistas Hutu por el genocidio. (IH)

 

Testimonios

Cristianos Malvados

      Colocada arriba de un racimo de casas, altas en las aterrazadas colinas de Rwanda, la parroquia de la iglesia Nyange, de ladrillo rojo y su comunidad de sacerdotes, durante años habían estado donde los fieles pasaban tiempos de necesidad.

      Así que cuando la milicia conducida por los Hutu comenzó a matar la minoría Tutsi de Rwanda en 1994, miles escaparon aquí, esperando refugio.

      En cambio, ellos encontraron su muerte. Un sacerdote local, Reverendo Athanase Serumba, es acusado por los sobrevivientes de haber arreado a soldados Hutu a que atacan la iglesia, y de luego ordenar pasar la topadora derribando la iglesia con cuerpos y algún herido dentro.

      Hoy, todo lo que permanece de la iglesia de Nyange son los montones de escombros esparcidos, con cuatro cruces de madera que marcan las fosas comunes. Y esta comunidad una vez baluarte de la fe católica también está en ruinas.

      ¿” Dije, ` Padre, Ud. puede ayudarme? ‘ ” Recordó Charles Kagenza, quien dijo que se arrastro de la iglesia demolida sólo para ser cegado y casi golpeado a la muerte por la milicia Hutu. ` ” Él dijo, ` no puedo hacer nada por Ud. ¿’ Cómo puedo creer ahora?”

      Como Rwanda lucha para llegar a un acuerdo con su genocidio de 1994 y trae los responsables a la justicia, surge la evidencia de la complicidad de los miembros de las iglesias Católicas, Protestante y Adventista del país en el derramamiento de sangre que reclamó las vidas de más de 500,000 Tutsi y moderados Hutu.

Los grupos de derechos humanos y los sobrevivientes dicen que aunque el clero y los trabajadores religiosos fueron matados durante el genocidio, algunos estaban defendiendo su congregación, otros perdonaron o hasta animaban los asesinatos.

El Tribunal de Crímenes de guerra Internacional para Rwanda ha procesado a un ministro adventista del Séptimo Día. El gobierno francés ha hecho cargo a un sacerdote Católico por crímenes de guerra. Otros sacerdotes y monjas han sido acusados de crímenes de guerra por autoridades de Rwanda y están bajo custodia.

      Funcionarios Rwandeses e internacionales discuten ahora cómo castigar a éstos y otros trabajadores religiosos y qué papel deberían jugar sus iglesias en el reconocimiento de su culpa.

      Como signo de cuán seriamente el gobierno Tutsi de Rwanda toma la cuestión, una ley de genocidio pasada recientemente incluye ” funcionarios religiosos ” acusados de genocidio o crímenes contra la humanidad entre los que están sujetos a recibir la pena de muerte.

      La cuestión también divide profundamente a las comunidades religiosas aquí, erosionando las de esperanzas que el cristianismo podría jugar un papel principal en la reconciliación del país, en particular a la luz de la vuelta, el mes pasado, de 700,000 Hutu refugiados de Zaire. Entre los refugiados hay muchas de personas sospechadas de haber participado en matanzas.

      Algunos miembros del clero Rwandes dicen que las autoridades Católicas y Protestantes ahora deberían reconocer el papel de las iglesias.

      ” Sin aceptar el pecado de la iglesia, su fracaso, no puede haber ninguna reconciliación, ” dice Reverendo Ubald Rugirangoga, 40, un sacerdote Católico en el Colegio de Kigali de S. Andre quien perdió su familia entera en las matanzas de1994. ” La iglesia debe decir, ` fallamos, nos disculpamos, pedimos el perdón.’ ”

      Pero los líderes de iglesia, incluyendo los de la Iglesia católica, que representa el 65 por ciento de la población, han permanecido silenciosos.

El arzobispo Católico Thaddee Ntihinyurwa, quien respondería sólo a las preguntas escritas sobre el genocidio, escribió en la respuesta: ” no son los acusados quienes deben explicar las acusaciones contra ellos.”

      Más temprano en este año, el Papa Juan Pablo II, quien antes había condenado las matanzas, escribió que la Iglesia católica en Rwanda no podía ser culpada por actos de miembros individuales.

      ” La iglesia en sí misma no puede ser sostenida responsable de las fechorías de sus miembros que han actuado contra la ley evangélica, ” escribió el papa en una carta dirigida a los Rwandese. ” Todos los miembros de la iglesia que han pecado durante el genocidio deben tener el coraje de soportar las consecuencias de los hechos que ellos han cometido contra Dios y contra su futuro.”

      En un país donde muchos miles afluyen a los servicios religiosos el domingo, es difícil de reconciliar los signos de fe externa con el hecho de que muchos aquí recogieron machetes en 1994 para matar, mutilar, decapitar, pillar y violar a sus vecinos.

      Las iglesias que habían sido centros de la comunidad y espirituales se hicieron tierras de matanza, donde la milicia conducida por los Hutu atacó y mató a miles que buscaban el santuario. Hoy, algunas iglesias son monumentos, no casas de adoración. En la Iglesia Ntarama fuera de Kigali, la capital, los huesos de cientos matados hace dos años todavía están esparcidos el santuario.

      A diferencia de Bosnia, un país que también lucha por cómo llevar ante los tribunales a los criminales de guerra, la identidad religiosa no jugó ningún papel en la matanza de la Rwanda.

      En Bosnia, los rebeldes Bosnio-Serbios usaron el temor de una invasión Islámica para justificar los ataques sobre el Gobierno Bosnio conducido por los Musulmanes. En Ruanda, la matanza étnica no tenía nada que ver con la religión de alguien; la mayoría Hutu y la minoría Tutsi han sido encontradas en todas las iglesias.

      Pero las iglesias cristianas han sido destacadas prominentemente en el asesinato, como ellas han jugado un papel principal en Rwanda desde 1931, cuando los Belgas coronaron al Rey Mutara III Rudahigwa. Y él enseguida se convirtió al cristianismo. Algunos misioneros, impacientes por hacerse conversos, unieron la ayuda económica a las aserciones de fe.

      Las iglesias no han estado exentas del racismo penetrante de Rwanda. Ninguna desafió la división política del país en la mayoría Hutu y la minoría Tutsi, una distinción que no es generalmente físicamente reconocible.

      ” Hemos sido atados a nuestra identidad étnica, ” dijo el Padre Rugirangoga. ” Cuando Ud. es un sacerdote y piensa que Ud. es un Tutsi o un Hutu, entonces es imposible de reconciliar a la gente.”

      Aquel sentido de identidad étnica sigue hoy. Algunos líderes de iglesia Hutu escaparon de Rwanda y de su gobierno conducido por los Tutsi y permanecen en el exilio. El Arzobispo anglicano Augustín Nshamihigo, por ejemplo, ha establecido una iglesia de ruptura en Nairobi. Muchos sacerdotes permanecen en el exilio en Zaire, como lo hace por lo menos un obispo Católico.

      Algunos sacerdotes discuten que la Iglesia Católica Romana, podría haber usado su influencia con el gobierno conducido por los Hutu parar la matanza de 1994. La iglesia fue tocada inmediatamente por la violencia: la primera matanza en Rwanda fue en el Centro jesuita Christus en Kigali, donde 17 personas han sido matadas, incluyendo a siete sacerdotes.

      Pero después de condenar el genocidio desplegado, como el papa lo hizo, los líderes de la iglesia hicieron poco más, dicen muchos Rwandeses.

      ” La iglesia no hizo nada durante el genocidio, ” dijo el Reverendo Octave Ugirashebuja. ” Era la única organización capaz de parar el genocidio. Ahora no quiere admitir que falló.”

      Algún clérigo discrepa. ¿” Qué tenemos como el medio de defender a la gente? ¿” Dijo el Reverendo Andre Sibomana, el jefe del grupo de derechos humanos ADL, ” Otra cosa que decir, paren, paren?”

      En Shyorongi, un pequeño pueblo aproximadamente a 15 kilómetros fuera de Kigali, las acusaciones de los sobrevivientes han puesto a dos monjas entre rejas. Los residentes aquí acusan a la Hermana Bernadette Mukarusine y la Hermana Benedicte Mukanyangezi, ambas, miembros de las Hermanas de S. Francisco de Asís, de fallar en no abrigar a refugiados Tutsi y, en un caso, de animar una matanza.

      Los varios sobrevivientes acusan que cuando los soldados Hutu vinieron buscando a los Tutsi, las monjas los señalaron. Entre los identificados había refugiados que se ocultaban en alguno de los edificios religiosos y Tutsi en el hospital de área, alegan los sobrevivientes.

      ” Ellos tiraron fuera a mi hermano, ” dijo Gloriose Mukankubito. ” Él era débil, no podía encontrar ninguna parte para ocultarse, y el interahamwe    (la milicia Hutu) lo mató.”

      Boniface Sogokuru, un sobreviviente de 17 años quien dijo que las monjas impulsaron a su jardinero a atacarlo con una azada, dijo: ” las hermanas Benedicte y Bernadette dijeron, ` Este es un Tutsi – mátenlo ‘… Ellos pensaron que yo estaba muerto, pero de noche me escapé.”

      La hermana Mukarusine, entrevistada en la prisión de Kigali, dijo que ella y Mukanyangezi eran inocentes.

      ¿” Qué podría yo hacer? ” Dijo La hermana Mukarusine. ” Yo no era alguien bastante importante para hacer algo… Si la gente dice que participé, es debido al Satán… Si Rwanda es como es hoy, es porque la gente no presta atención al mensaje de la iglesia.”

      En la parroquia de Nyange, varios de los detenidos y acusados de haber participado en las matanzas han indicado la participación de Padre Serumba, quien, se cree, está en Zaire. Un trabajador que dijo que él condujo la excavadora acusó al Padre Serumba de haberle pagado para nivelar la iglesia.

      Kagenza, quien se ocultó en la torre de iglesia, dijo que él vio al Padre Serumba animar a la milicia Hutu en su ataque. Él también dijo que vio al Padre Serumba encontrarse con el conductor antes de que la iglesia fuera derrumbada.

      ” La gente gritaba, lloraba, ” dijo Kagenza, ” Por todas partes, había cadáveres… yo estaba en la torre… cuando ellos se dieron cuenta de que ellos no podían sacarnos a tiros de allí, ellos trajeron [el tractor] la Oruga… ”

      Kagenza dijo que él sobrevivió por asirse una viga cuando la torre se derribó. Aún entonces la milicia Hutu lo encontró en los escombros, lo golpearon y lo dejaron por muerto. Hoy él todavía lleva las cicatrices: una herida a través de la cima de su cabeza de un machete, y un ojo izquierdo sin brillo, golpeado con un garrote.

      Cuando él estuvo de pie sobre los escombros de su iglesia parroquial anterior, él dijo que hasta que la iglesia reconozca que falló a los Rwandeses durante el genocidio, y examine lo que el clero hizo, él no puede volver a la iglesia.

      ” Pero todavía rezo, ” dice Kagenza. ” Todavía creo en Dios.”  

(MC)

 

Cascos azules

Miles de muertos en un nuevo rebrote de la guerra civil entre tutsis y hutus en Ruanda

Estados Unidos y Canadá deciden evacuar a sus compatriotas en el país africano

LL. BASSETS / AGENCIAS – Bruselas / Kigali – 09/04/1994

 Las Naciones Unidas acaban de cosechar un nuevo y terrible fracaso en Ruanda, donde los 2.500 cascos azules desplegados para impedir la reanudación de la guerra civil no han podido impedir que se desate una espiral en loquecedora de crímenes y pillajes. Diez sol dados belgas, 22 religiosos, numerosos nativos que trabajaban como cooperantes, la entera clase política ruandesa y casi todas las personalidades de la oposición democrática han sido asesinados. El país se halla sumido en el caos más absoluto. Según la Cruz Roja y Médicos sin Fronteras, los muertos son ya varios miles. Sin embargo, el Consejo de Seguridad anunció ayer que se había logrado un alto el fuego entre las facciones en lucha y el establecimiento de un Gobierno interino.

El Consejo de Seguridad estudiaba ayer las propuestas de secretario general de la ONU, Butros Butros-Gali, de reforzar los cascos azules en la zona y evacuar a los extranjeros en la zona. La fuerza de las Naciones Unidas está compuesta por soldados de Ghana, Bangladesh y Bélgica, estos últimos en número de 450, y se encuentra desplegada desde marzo de 1993. Estados Unidos ordenó ayer a sus ciudadanos que abandonen Ruanda y puso en práctica planes para proceder a su evacuación. Canadá adoptó la misma medida.Bélgica, el país que cuenta con mayor número de residentes extranjeros en Ruanda, y Francia, se preparaban también ayer para evacuar a los civiles, incluso mediante una acción militar de urgencia. Un Boeing 737 de Sabena, las líneas aéreas belgas, salió a mediodía hacia Entebbe, en la vecina Uganda, con el objetivo de establecer un puente aéreo para recoger a la población civil. Ochocientos paracaidistas se hallaban preparados para despegar, a la espera de órdenes del Gobierno belga, que mantuvo ayer una sesión de urgencia. Unos 1.500 belgas, en su mayoría cooperantes, viven en el pequeño país centroafricano.

Un suboficial francés y su esposa fueron asesinados ayer en su casa en Kigali, según Radio France Internacional. Sus muertes se suman a las de diez cascos azules belgas, que acompañaban a la también asesinada primera ministra Agathe Uwilingiyimana, eliminados el jueves en los primeros enfrentamientos. Otro casco azul se halla desaparecido.

Los combates, que empezaron en la capital tras el asesinato de los presidentes de Burundi y Ruanda, el pasado miércoles, se han extendido a otras ciudades. Aunque los combates tienen como protagonistas a las fuerzas del Frente Patriótico de Ruanda (FPR), pertenecientes a la etnia tutsi, por un lado, y de la guardia presidencial, de la etnia hutu, por el otro, se acompañan de numerosos ajustes de cuentas y matanzas de civiles. Ambas fuerzas se hallan fuertemente armadas y cuentan con artillería pesada, que ayer estuvo en acción en la capital, Kigali. Un delegado local de la Cruz Roja habló ayer de que los muertos “no son varios centenares, sino varios miles”.Desaparece la élite política

Las fuerzas rebeldes tutsis, 600 soldados muy bien pertrechados y entrenados, se hallaban acantonadas cerca del Parlamento, separadas del Ejército gubernamental por los cascos azules. Tras la muerte del presidente, su guardia presidencial se ha lanzado a la caza de los partidarios de la transición democrática, mientras las fuerzas tutsis se ponían de nuevo en acción.

La entera élite política de Ruanda ha desaparecido en pocas horas, víctima de las ejecuciones sumarias. Los asesinatos se han perpetrado sistemáticamente, a partir de listas previamente preparadas por los militares, que han ido a buscar a las víctimas a sus domicilios. Numerosos ciudadanos ruandeses que trabajaban como colaboradores de organismos internacionales han sido asesinados. La violencia se ha dirigido también contra los religiosos locales, entre los que ya se cuentan 22 víctimas.

Radio Mil Colinas, inspirada en los sectores hutu más autoritarios, lleva haciendo campaña contra Bélgica desde hace meses, respondiendo a los puntos de vista de la guardia presidencial, contraria a la presencia de cascos azules. No es por tanto extraño que el comandante del contingente belga asegurara ayer que no considera necesaria la presencia de más tropas para asegurar la evacuación de civiles.

Hay calma total en Burundi, donde la población se halla aterrorizada por los acontecimientos de Ruanda y por la desaparición de su presidente, la segunda en medio año. El anterior, Melchior Ndadaye, fue asesinado el 21 de octubre pasado y le sucedió el fallecido Cyprien Ntaryamira.

http://www.elpais.com/articulo/internacional/RUANDA/BURUNDI/CANADa/ESTADOS_UNIDOS/RUANDA/BeLGICA/FRANCIA/ORGANIZACIoN_DE_LAS_NACIONES_UNIDAS_/ONU/GUERRAS_eTNICAS_ENTRE_HUTUS_Y_TUTSIS_/GRANDES_LAGOS_/_aFRICA/elpepiint/19940409elpepiint_16/Tes/

Interhamwe

El Interhamwe era una guerrilla que se formó en Ruanda durante su guerra civil, formada en su mayoría por personas de la etnia hutu. El significado literal de la palabra Interhamwe es “Los que permanecen juntos” o “Los que pelean juntos”. Se formaron originalmente como un grupo paramilitar en apoyo al presidente Habyarimana, a fin de hacer frente al avance de las ofensivas del Frente Patriótico Ruandés (RPF). Posteriormente estas fuerzas, junto con elementos de la Guardia Presidencial, fueron responsables de la muerte de cerca de 800.000 personas en el Genocidio de Ruanda en 1994 en contra de la etnia tutsi y los hutus moderados.

LOS MILICIANOS INTERAHAMWE

Los medios de comunicación han creado una imagen de los milicianos Interahamwe que no corresponde con la realidad vivida en Rwanda. Cuando se habla de ellos se los asocia directamente a los hutu y se los llama “los que matan juntos”. No se habla de sus motivaciones, de sus desesperaciones y de sus imitadores. Simplemente son, en la conciencia internacional, los genocidas de los tutsi y hutu moderados.

Etimológicamente, la palabra Interahamwe viene del verbo “gutera-hamwe” y significa “los que unen sus fuerzas para realizar un trabajo en común”. Pero la manipulación hizo que se entendiera como “los que matan juntos”. Esta palabra fue muy utilizada en la propaganda del gobierno de Habyarimana antes de la guerra para convocar a los rwandeses a trabajar juntos en la construcción del país a través de los trabajos comunitarios llamados “umuganda”.

A priori, ser Interahamwe no significa ser criminal, y mucho menos todo hutu es Interahamwe. Es cierto que la milicia progubernamental se llamó Interahamwe, y es cierto que esta milicia perpetró muchas matanzas tanto en el bando de los hutu como, sobre todo, en el bando de los tutsi. Fue creada a la sombra de quienes creían que las acciones del ejército para expulsar a los invasores eran insuficientes y aprovecharon la carga social del término Interahamwe para contrarrestar la fuerza de los Inkotanyi (combatientes intrépidos). Los milicianos se convirtieron en auténticos garantes de la seguridad del pueblo en ausencia de los soldados y gendarmes que estaban en los frentes (el mismo Kagame, en sus primeros años al poder, creó un cuerpo con la misma filosofía, el “Local defense” para defender a los civiles).

Los creadores de la milicia Interahamwe estaban convencidos de que el gobierno de Habyarimana no hacía nada contra los cómplices de los guerrilleros (ibyitso), muchos de ellos tutsi. Está confirmado que los milicianos elaboraron listas clandestinas de hutu y tutsi colaboradores de los Inkotanyi, y a muchos de ellos los asesinaron en cuanto tuvieron las vías libres. Hay que tener en cuenta que con la desaparición de los altos mandos del ejército junto al presidente en el atentado, los soldados perdieron la motivación para combatir a los rebeldes y empezaron a huir del frente y a desobedecer las órdenes de sus superiores. Los únicos motivados para combatir a los rebeldes, incluso sin experiencia militar, fueron los Interahamwe.

Temidos por los militares del gobierno, odiados y perseguidos por los Inkotanyi de Kagame, los milicianos se convirtieron en auténticos protectores de los civiles desorientados. De hecho, en los días previos a la victoria de Kagame el país se quedó completamente en manos de ellos. Aprendieron con prisa los métodos de los guerrilleros y sembraron el mismo terror que infundía el Frente Patriótico Rwandés a su paso. Los choques más violentos que recuerdan los rebeldes de Kagame no fueron precisamente a su encuentro con el ejército traicionado por sus mandos que negociaban con el Frente la rendición, sino con los milicianos que se consideraban capaces de ganar la victoria. En algunas zonas, los milicianos se enfrentaban al mismo tiempo al ejército gubernamental y a los invasores de Kagame. La guerra se saldó con muchos muertos, civiles, militares, milicianos y guerrilleros. Después de la victoria de éstos últimos en julio de 1994, moralmente no era aceptable por nadie que una victoria hubiera costado tantas vidas humanas. Había que explicar el porqué de tanta violencia. El ejército de Habyarimana tenía derecho a defender las instituciones gubernamentales, y en general no cometió asesinatos masivos de los civiles. Los guerrilleros de Kagame justificaban sus actos con la victoria militar. Sabían que nadie cuestiona a los vencedores, al menos en los primeros años. Para mantener su legitimidad moral en la guerra y limpiar la sangre fresca de sus manos, en connivencia con la comunidad internacional ansiosa de tapar su responsabilidad en el conflicto se construyó y se vendió a los medios de comunicación una nueva clase de los malos, los Interahamwe, a quienes responsabilizaron todos los crímenes cometidos en la guerra. Kagame se quedó como auténtico liberador a los ojos de la comunidad internacional. Fue nombrado “hombre fuerte de Kigali” por la prensa internacional y el pueblo rwandés asumió su grandeza y le rindió honores sin hacerse muchas preguntas. Así, los asesinatos de los Inkotamyi fueron purificados, y ellos mismos se convirtieron en víctima de la violencia de los hutu. Los líderes internacionales dieron por buena y justa la victoria de Kagame, en lugar de llevarle a los tribunales internacionales le dieron el pésame mundial. Así comenzó la nueva historia de Rwanda, con las víctimas convertidos en genocidas.

No hay que olvidar que fue Kagame quien invadió su país y provocó, desde el principio, muchas matanzas de los civiles. Comos sus guerrilleros eran mayoritariamente tutsi y no tenían piedad para con los hutu del norte, el miedo y el odio contra los tutsi fueron naciendo en el interior de los hutu, alimentándose de los discursos y canciones de hutu radicales. Las persecuciones de los hutu burundeses por parte del ejército tutsi no hacían que aumentar este resentimiento. La sed de venganza no tardó en extenderse incluso en los corazones más puros de los campesinos. Cuando nacieron los milicianos, el daño social ya era grande. Con la desafortunada agitación de Radio de Mil Colinas se culminó uno de los planes más abominables de la historia de la humanidad. Esta Radio que nació para contestar a los ataques y las manipulaciones de Radio Muhabura (la radio de los invasores) se ganó la denominación de Radio asesina, lavando la cara, una vez más, a Radio Muhabura que no es menos culpable en la exaltación de los asesinatos de los hutus que previamente llamaba enemigos de la paz (abanzi b’amahoro). Con la culpabilización de los Interahamwe Kagame se convirtió en liberador frente a Habyarimana que se quedó como asesino, por tanto, justificable su asesinato. El Frente Patriótico Rwandés salió del conflicto como un ejército disciplinado sin manchas de sangre frente a los asesinatos de los milicianos. El ejército gubernamental se quedó en el olvido, igual que Radio Muhabura. Si no fuera porque este ejército expulsado del territorio rwandés intentó varias veces volver a su patria desde Congo, hoy ya nadie hablaría de ellos. De hecho el Tribunal Internacional para Rwanda sólo juzga los actos cometidos por los milicianos y los antiguos militares que previamente convierten en padrinos de los milicianos. Kagame, al pedir la creación de este tribunal, limitó estratégicamente sus competencias en el tiempo (del 01 de enero al 31 de diciembre de 1994), justo el tiempo de la defenestración de sus adversarios. Difícilmente se entiende la elección de estos plazos. En los tres primeros meses de 1994 había un cese de combates en virtud de los acuerdos de Arusha y de la observación de los militares de la ONU. A partir de agosto 1994, es el Frente quien controlaba todo el país, por lo que difícilmente los milicianos hubieran podido seguir cometiendo sus asesinatos selectivos. Además la mayoría de ellos ya estaban refugiados en la selva congoleña. Sin embargo, testigos oculares afirman que los asesinatos masivos de los hutu siguieron después de la victoria de los tutsi hasta finales de 2007.

 

 

 

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