Cascos azules y francia

TRIBUNA LIBRE. Cascos azules en Ruanda

VICENS FISAS

En vísperas de la intervención militar francesa en Ruanda, y casi dos meses después de que el secretario general de la ONU solicitara sin fortuna cascos azules para frenar la tremenda matanza, la polémica sobre esta decisión francesa y la reflexión sobre el distanciamiento que han tomado casi todo los estados respecto al reforzamiento de la Minuar, pone de nuevo sobre la mesa el problema del origen de los cascos azules que operan en un terreno conflictivo, una cuestión que ha causado graves problemas a los norteamericanos en Somalia, a los rusos en Bosnia y a los belgas en Ruanda, para señalar sólo los ejemplos más evidentes.

En el futuro, y en ausencia de unas fuerzas propias de Naciones Unidas que, precisamente por ser la ONU, sus miembros no tuvieran que identificarse como nacionales de tal o cual país, todas las operaciones de la ONU habrían de tener muy en cuenta este aspecto.

La lógica y nada fácil búsqueda de la universalidad y de la máxima participación de países en estas misiones, nunca debería estar reñida con la prudencia necesaria para no despertar temores fundados y recelos comprensibles, cuando algunas potencias se plantean enviar tropas a escenarios conflictivos, y muy especialmente a sus antiguas colonias.

Los cascos azules belgas tuvieron que retirarse completamente de Ruanda a las dos semanas de iniciarse la masacre, ante la hostilidad de una parte del pueblo ruandés, que los hacían responsables de haber participado en el atentado que costó la vida al presidente de Ruanda. Los civiles de origen belga también tuvieron problemas para desplazarse por el país, incluidos los de organizaciones humanitarias. Es evidente, en cualquier caso, que en una operación de este tipo no puede participar la antigua metrópoli, al menos de forma directa y a través de personal militar.

Pero los recelos han alcanzado también a Francia, potencia que siempre ha deseado relevar a Bélgica en la zona, y que a pesar de no haber tenido hasta la fecha cascos azules en Ruanda, ha decidido avanzarse a un tardío y vergonzante despliegue internacional, que se materializará tres o cuatro meses después de iniciarse la matanza, y quizá cuando ya no quede nadie vivo en Ruanda.

¿Motivos de este recelo? Francia se ha entendido muy bien con los militares ruandeses, corresponsables de la eliminación de decenas de miles de tutsis desde el pasado 6 de abril. Es lógico pensar cómo serán recibidos por esta gente cuando lleguen a Ruanda, y más teniendo en cuenta que una gran parte del territorio está en manos del FPR. Desde octubre de 1990, los franceses han mantenido un importante destacamento de militares en este pequeño país, prestando asistencia e instrucción al ejército y a la gendarmería. También les ha vendido armas y municiones, aunque en los últimos dos años Sudáfrica y Egipto también lo han hecho en cantidades notables.

Aunque es poco probable que, como ha asegurado el primer ministro francés, la operación se limite exclusivamente a las zonas fronterizas y no llegue al corazón del país, los problemas con que se encontrarán los militares franceses serán numerosos en muchos campos de refugiados, tanto de tutsis como de hutus, puesto que tendrán la obligación de detener a responsables de las matanzas y de apropiarse del abundante armamento existente en algunos de ellos. Somalia está demasiado cerca, en espacio y en el tiempo, para olvidar los errores cometidos primero por la Unitaf norteamericana y después por Unosom.

En Ruanda, la guerra no empezó el pasado mes de abril, sino mucho antes, y particularmente desde octubre de 1990, en que el FPR atacó el norte del país desde sus bases en Uganda, provocando miles de muertos y centenares de miles de desplazados y refugiados hutus, y destrozando una convivencia interétnica que, aunque fuese con dificultades, la mayor parte del país deseaba.

Los países que han estado apoyando a un ejército criminal y a políticos corruptos, que han pasado por alto las violaciones fronterizas de Uganda, que han desoído desde hace tres años las denuncias de los asesinatos colectivos perpetrados por el FPR en el norte de Ruanda, que no han entendido cómo se preparaba una nueva edición de limpieza étnica, en este caso de hutus y de tutsis, desde radio Muhabura y radio RTLM, es mejor que no envíen cascos azules. Más les valdría que elaboraran la lista de dictadores que continúan apoyando y de países a los que continúan exportando armamento.

Si rectifican a tiempo, en el futuro se ahorrarán tener que enviar cascos azules a situaciones conflictivas alimentadas por ellos mismos.

VICENS FISAS es investigador sobre desarme del Centro Unesco de Cataluña y autor de «El desafío de Naciones Unidas ante un mundo en crisis»

 

http://www.elmundo.es/papel/hemeroteca/1994/06/24/opinion/17419.html

 

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