Dos dramáticos testimonios del genocidio rwandese de 1994 concedidos a la televisión italiana

Kigali (Agencia Fides) – A 10 años del genocidio rwandés de 1994, la palabra “genocidio” resuena una vez más en la región de los Grandes Lagos. Las acusaciones realizadas por algunos representantes de la etnia Banyamulenge, los tutsi congoleños originarios del Rwanda, de un intento de exterminio de su etnia al este de la República Democrática del Congo, se han revelado felizmente faltos de fundamento.
¿Pero qué significa haber pasados por el genocidio, ver los seres queridos tragados por la máquina del exterminio de masa? ¿Qué deja en el ánimo de los supervivientes esta violencia inaudita? He aquí lo que ha dicho el Padre Dominique Karekesi, Director de la Oficina de Comunicaciones Sociales de la Archidiócesis de Kigali, en una entrevista a la televisión italiana.:
“He sido víctima del genocidio de 1994 y he perdido a todos mis seres queridos. Comparto esta pena con los otros. El problema hoy es el perdón, el problema hoy es la reconciliación, el problema hoy es vivir junto a otro que ha matado. Cuando ocurrieron las matanzas, los que las perpetraron decían que lo hacían en nombre de Dios. Es una blasfemia, y habría que preguntarse si estas personas sabían lo que hacían. Hoy todo es ya pasado, pero este pasado emerge cada día ante nuestros ojos, este pasado pesa sobre todos nosotros, pero tenemos que afrontar el futuro con más confianza, con más fe en la verdad de la vida cristiana.
En efecto, el “no perdonar” es también una blasfemia, el “no perdonar” no lleva a la reconciliación. Lo que más cuenta es el perdón y no la difamación. Vivir el perdón de Dios es lo que tenemos que llevar a la práctica, es esto lo que debemos intentar entender y vivir”.
Otro sacerdote, el Padre Augustin Karekesi del Centro Christus de Kigali ha dicho en el programa “Los Diez Mandamientos – El coraje de Amar”:
“En Rwanda podéis ver las Iglesias llenas, con la gente que canta, pero el camino de la reconciliación es todavía largo. ¡Porque son cristianos los que han matado, y cristianos los que han sido matados! Yo soy testigo de todo esto.
¿Quién podrá jamás olvidar aquella locura que cogió a todos? Esta es una zona de guerras feroces, pero nadie habría imaginado nunca lo que sucedió y esto nos tiene que hacer reflexionar sobre el futuro de África. Aquí se han cometido asesinatos inenarrables en nombre de Dios. Dios anunciado por nosotros, sacerdotes como pacificador de los hombres. ¡La Verdad es que aquí se mata contra el mandamiento de no matar y contra el mandamiento de no tomar el nombre de Dios en vano, porque lo más atroz y es que se mate en nombre de Dios!
Ahora sólo el perdón y una justicia ejercitada con misericordia podrá reconducir la paz definitiva y así reunirse de nuevo como hermanos, pero nadie olvida el alcance de este genocidio, ¡aquellos muertos, aquel martirio de masa nos ayuda a redescubrir el Amor, y a no alimentar nuevos odios y nuevos genocidios!”. (L.M) (Agencia Fides 30/6/2004 Líneas: 37 Palabras: 519)

 

http://www.fides.org/spa/news/2004/0406/30_2881.html

 

 

 

 

 

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Martires de la iglesia de ruanda

Mártires de la Iglesia en Ruanda

Testimonios de hermanos del Camino Neocatecumenal

Enrico Zabeo

Kigali, 5 de Septiembre de 1994

Queridísimos hermanos:

La paz esté con todos vosotros. Desde hace poco más de una semana me encuentro de nuevo en Ruanda, de paso hacia Burundi. El Señor nos lo ha facilitado todo y ha abierto las puertas para que pudiésemos encontrar a los hermanos que quedan y tener noticias de los otros. Los hermanos se están recuperando poco a poco. Algunos han vivido estos tres meses de guerra escondidos, con hambre, tensión, y todo lo que esto comporta. Todos han sido marcados por la presencia del Señor a su lado.

La palabra del Señor, los salmos, los cantos de la Pascua que resonaban en su interior, les han dado ánimo y esperanza. ¡No es lo mismo vivir estos terribles acontecimientos con un poco de «sal» que da el Señor, que vivirlos sin nada! En general, en las comunidades neocatecumenales del sur, es decir, en Lungombwa, Butare y Nyanza hay muchísimos hermanos muertos; en Kigali las cosas han ido un poco mejor: a nosotros, pero sobre todo a los hermanos de la capital, les ha parecido claro que Dios tiene para ellos un diseño para los días que vendrán, en el sentido de que haber escapado y salido indemnes de esta tempestad se debe sólo a la gracia y a la voluntad del Señor, a fin de que se conviertan en sal, luz y fermento de esta ciudad y de este país. Lo cual ha empujado inmediatamente a los hermanos a buscarse unos a otros y a empezar a reunirse para las celebraciones. Dicen haber experimentado la Resurrección: haber pasado de muerte anunciada en muerte anunciada, viendo cómo la Pascua se hacía realidad, es decir, viendo la intervención de Dios que les libraba de la muerte allí donde humanamente tendrían que haber sido matados. Frescos del Primer Escrutinio y sobre todo por la celebración de la noche de Pascua, tuvieron en estas liturgias fuertes su alimento y la fuente de esperanza viva y verdadera.

En Nyanza, a pesar de que mataron a muchos, quienes sobrevivieron cuentan la Pascua: dos chicas, en situaciones diferentes, por dos veces fueron arrojadas al agujero con otros cadáveres, llenas de heridas y garrotazos, y por dos veces lograron salir de él encontrando la salvación. Otra chica, la que estuvo el año pasado en Denver murió rezando por los asesinos que la hicieron pedazos. Con ella estaba su padre, también de la comunidad, y algún hermano de carne: la madre y otros hermanos y hermanas huyeron tomando otra dirección y fueron también asesinados. De toda la familia sólo queda un chico. En Butare supimos de un muchacho del Camino al que asesinaron por no haber aceptado matar, de otro dispuesto a morir por haber escondido a dos hermanas buscadas por los asesinos.

Escuchar los testimonios de los hermanos ha sido para mí un gran consuelo. Ver la iluminación de algunos hermanos y hermanas ha sido una catequesis inigualable: hecha de acontecimientos de vida, no de palabras vacías.

Los días pasados estuvimos también en Gisenyi y en Goma. En Gisenyi pudimos encontrar hermanos, algunos están vivos, pero nos faltó tiempo material para encontrarlos. Pero también allí han matado a muchos. ¡Pensad que sólo los sacerdotes diocesanos muertos son 3l! Allí se encuentra ahora una Iglesia aparentemente destruida, golpeado el pastor y dispersado el rebaño. También aquí en Kigali y en general en el país se tiene la sensación de una gran desbandada y desilusión; ¡se había construido demasiado con los ladrillos y poco con el cemento verdadero de la fe! Ahora todos dicen que hacen falta catequesis, del Camino Neocatecumenal, también aquellos que antes nos encontraban demasiado severos por decir que en los cristianos no hay fe ni amor. Muchas personas de fuera del Camino, incluidos también obispos, sacerdotes y religiosos, han quedado como aturdidos, incrédulos e incapaces de cualquier reacción después de una tragedia tan grande. Nosotros pensamos que los hermanos que quedan, más o menos numerosos según los lugares, son el fermento bueno y nuevo que rehará el tejido de esta Iglesia y de este país.

En los próximos días todavía trataremos de ver y encontrar en alguna celebración de la Palabra y de la Eucaristía a los hermanos, antes de salir hacia Cyanguye y Bukavu, y luego a Burundi, donde esperamos concretar algo con el Arzobispo.

De todas formas, la situación, para uno que no hubiera conocido antes lo sucedido, parece casi normalizada, a excepción de algunos signos evidentes de la guerra: escombros, casas derrumbadas, etc. Pero la gente venida de Burundi, Uganda, Kenia, Zalre, ha llenado (está llenando) la ciudad; hay un aire de victoria y de novedad; pero bajo esta aparente normalidad existen vacíos enormes: unos han perdido 10, otros 15, 20, 30 o más familiares. Y estas pérdidas están haciendo sangrar el corazón, y no es el comercio u otras cosas lo que los puede curar: por eso hay necesidad de predicación, de anuncio del amor, de la misericordia y del perdón de Jesucristo. Nos espera mucho trabajo y quizá alguna persecución. Pero el Señor vela sobre nosotros y nada podrá hacernos daño.

Nos veremos el 25 de octubre, salvo imprevistos. Estamos bien. Os saludan Ignacio y Jeanne con el beso santo.

La paz.

Enrico Zabeo.

 

Breves notas sobre la reciente visita a los hermanos que quedan de las comunidades neocatecumenales en Ruanda

(25/19 – 24/10 del 94)

 

http://www.aceasesores.es/sagradafamilia/sruanda.htm

Clement

La historia de Clement

Clement Usabase cuenta su historia desde que salió de Ruanda hasta que consiguió los “papeles”06 de noviembre de 2007

 

 

 

Tengo 34 años y nací en Rwamagana, un poblado de 20.000 personas a 50 km de Kigali, la capital de Ruanda. Allí, mi mundo era muy pequeño: se reducía a una pelota. Las mañanas las pasaba jugando al fútbol con el equipo de mi barrio. En el poblado jugaba en la delantera, soñando con meter goles como George Weah, un famoso jugador liberiano, que había sido elegido el mejor futbolista de África. Yo era del Mónaco, el equipo de Weah, y soñaba con que me fichara el Real Madrid En mi familia vivíamos muy unidos, a pesar de las luchas tribales que sacudían mi país, una antigua colonia belga. Es un país hermoso, con una belleza que a veces se vuelve dramática. Desde 1990 a 1994 tuvo lugar el genocidio de Ruanda, con la guerra entre hutus y tutsis. Mi padre, Evariste, era hutu. Mi madre, Marie Claire, era tutsi. 

Recuerdo un día soleado de 1991. Tenía 17 años y estaba internado en un colegio de 300 alumnos que dirigían unos sacerdotes. A media mañana un profesor entró en clase y me llamó: “Tu padre ha fallecido”, me dijo en voz baja. 

La noticia me impactó. Fue un golpe duro. En casa quedábamos cuatro hermanos huérfanos, porque mi madre había fallecido cinco años antes de bronquitis aguda. Mi tía Rose se hizo cargo de nosotros.

El último de la fila

 

 

 

Kigali, capital de Ruanda


Yo -como el nombre del grupo de música- soy El último de la fila, aunque el segundo en edad. Me llamo Clement, y pienso que mi nombre de bautismo me ha enseñado a pedir clemencia, paciencia. Clemencia para los demás y exigencia para mí. Yo rezaba por tía Rose, por la paz, por mis familiares y amigos. También por los desconocidos, especialmente en los tiempos del genocidio…  En 1998, tras la guerra civil, el país quedó en crisis, con una gran inestabilidad económica y social. Entonces tuve oportunidades para salir del país. Deseaba seguir estudiando y las cosas no eran fáciles en Ruanda, porque la universidad no funcionaba bien. Decidí marchar a Marruecos, donde trabajaba mi hermano mayor, y estudié Económicas en Rabat. Menos mal que en la Universidad se hablaba francés, porque no tenía ni idea de árabe. Bueno, tampoco sabía nada de español cuando llegué a Melilla en 2004, con una beca para realizar un master en dirección de empresas.

 

 

 

“En el poblado jugaba en la delantera, soñando con meter goles como George Weah”

Cuando se acabó la  beca en Melilla me quedé sin trabajo y sin papeles. Seguí pidiendo la clemencia y la misericordia de Dios. Iba con frecuencia a Misa, y un día, a la salida, un amigo me dijo: -Yo voy por una residencia del Opus Dei: ¿te quieres venir? 

Acepté, fui por la residencia, y comencé a charlar con don Manuel, un sacerdote. Cada cierto tiempo venía Alfonso desde Málaga. Es publicista y miembro del Opus Dei, y gracias a él fui conociendo el espíritu de la Obra. 

Sin papeles

Mientras tanto trabajaba como voluntario en una residencia de mayores, y seguía intentando obtener mis papeles. Pasaron los meses, llegó la Navidad, y en una guardería de Melilla necesitaban un rey Baltasar. Buscaban un rey mago auténtico y acepté. Fue muy divertido. Al año siguiente volví a hacer de Baltasar en una residencia de mayores. 

Los papeles seguían siendo mi principal preocupación. Gracias a Dios, notaba que había mucha gente rezando por mí. 

Al año siguiente subí de categoría: hice de Rey mago en la Cabalgata de Melilla… Y seguía rezando para encontrar una oportunidad en el mundo laboral.

Pedí un permiso legal a las autoridades para estar unos días en Málaga y poder hacer mi primer curso de retiro en Los Jarales, en Antequera. Aunque seguía sin papeles, me concedieron un salvoconducto para entrar en la Península. 

 

 

 

Durante aquellos días de retiro recé mucho, me sentí reconfortado en la fe y decidí ser cooperador del Opus Dei. Seguía pidiéndole a Dios por mis papeles y por encontrar una buena novia. Los papeles se los pido a san Josemaría, que es el Santo del trabajo. La novia se la pido a la Virgen y a mi madre, y confío que me ayudarán desde el Cielo.El 10 de julio recibí, por fin, mi tarjeta de residencia española con permiso de trabajo. Desde entonces estoy trabajando en Melilla como responsable de un almacén. Ahora, por fin he recibido mi primera paga. Es fruto de la la clemencia de Dios y de la intercesión de san Josemaría. Ahora sigo rezando por encontrar la mujer de mi vida.

 

 

 

http://www.opusdei.es/art.php?p=25055

 

(Artículo de la revista internacional de teología

Communio, nº 5 del año 1995, pags 477-488

Ed. Ediciones Encuentro, S.A.)